Nuestra Historia

Dos hermanos de Luisiana, Estados Unidos, acaban viviendo en Andalucía y montan una bodega. No son unos comienzos convencionales por estos lares, un territorio que se enorgullece de tener una tradición de más de 2000 años de viticultura y vinicultura. Sin embargo, en el caso de mi hermana Leigh y en el mío propio, esta es nuestra historia y la de nuestra empresa familiar, que vincula a nuestros seres queridos en nuestro hogar de adopción, España, con nuestros seres queridos en Estados Unidos. 

Esta historia no tiene sus raíces en España, sino en la ciudad de Nueva York, donde empecé a trabajar con 22 años. Tenía un trabajo estupendo y, según lo que se entiende, tendría que haber sido feliz. Sin embargo, había un vacío que ni la mejor de las ciudades, con toda su energía, podía llenar. Ansiaba experiencias que la ciudad no podía proporcionarme. Quería vivir en un entorno natural y dedicarme a aquello que me apasionara, aunque por entonces ni siquiera sabía qué era exactamente lo que me apasionaba.

Así que me marché. Me fui a Sudamérica y acabé en México. Aprendí español. Me hice voluntario. Realicé trabajos variopintos. Entretanto, me embebí de las nuevas culturas y lugares en los que me vi inmerso.     

En las comunidades donde vivían mis nuevos amigos a menudo me invitaban a la comida familiar dominical, y pronto comprendí la importancia que daban a la familia, la fe y la agricultura…, justamente los mismos valores esenciales que me inculcaron en mi infancia en Luisiana. Reflexioné sobre esos sencillos momentos de felicidad alrededor de la mesa, en comunidad con todas las personas que compartían la comida y la bebida, y en el papel de la agricultura en momentos tan especiales, a los que a menudo no se les otorga el valor que merecen.

Decidí profundizar en estas reflexiones y conseguí trabajo en un pequeño viñedo y bodega en Valle de Guadalupe, México. Me encantó trabajar con las manos, estar entre las vides y comprobar cómo mis esfuerzos al sol contribuían a producir algo tangible, bello y delicioso en una copa. De inmediato empecé a estudiar para aprender la ciencia que rige este proceso místico, al tiempo que continuaba trabajando en el campo. Había encontrado mi pasión.  

Pero faltaba algo en esta ecuación. Seguía sin la conexión con la familia y una comunidad de apoyo. Todo se clarificó durante una visita vacacional a Leigh en Málaga. Ella se había casado aquí y ahora formaba parte de una familia española grande, muy parecida a la nuestra de Luisiana. La gente que conocí en Andalucía me recordaba a la gente de mi tierra natal y a mis amigos repartidos por todos los rincones del mundo. Apreciaban la cultura y la tradición, disfrutaban de la vida y valoraban la calidad del tiempo compartido alrededor de una mesa con buena comida y vino. Así que di el último paso y me trasladé a España para encontrar oportunidades y obtener más experiencia en el Viejo Mundo. Y me asenté aquí, en la Serranía de Ronda.

Cuando encontré la finca, ahora conocida como “Bodega Luis y Ana”, fue como si todas las piezas del puzle —cada país, cada experiencia, cada lección aprendida—finalmente encajaran. La esencia de los valores que me inculcaron en mi infancia en Luisiana era apreciada plenamente aquí en España. Con esta filosofía siempre presente, emprendemos nuestro camino con la esperanza de que los frutos de nuestro trabajo rindan tributo a las historias y las culturas compartidas en ambos lugares, no ya solo con nuestro nombre, sino a través de nuestros vinos.

- Fundador, Christopher Scott Myers

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